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Colaborador de la Revista Radioaficionados de U.R.E. y del Foro Histórico de las Telecomunicaciones del COIT. Lic. CC Económicas y EE. por la USC, Post Grado en Banca Comercial "Cum Laude" por la Univ. Barcelona y Especialista en Dirección Financiera por la UOC

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jueves, 10 de agosto de 2017

El Vapor Alfonso XII, primer buque de la marina mercante española dotado con radiotelegrafía en 1910


El Vapor Alfonso XII, primer buque de la marina mercante española dotado con radiotelegrafía en 1910



Autor: Tomás Manuel Abeigón Vidal (EA1CIU)
abeigont@gmail.com
Pontevedra


En el mes de mayo de 1910 la prensa informaba sobre las mejoras que se habían efectuado en el Vapor Alfonso XII de la Compañía Trasatlántica con motivo de su viaje a Argentina para llevar a la representación española, al frente de la cual iría la Infanta Isabel, que iba a participar en los actos de conmemoración del centenario de la independencia del país sudamericano. El gobierno español quiso dar a este viaje una gran difusión periodística, para lo que invitó a formar parte de la comitiva a los directores de los periódicos más importantes del país. El 1 de mayo de 1910, la expedición partió en tren de Madrid con destino a Cádiz, en donde embarcaron en el vapor Alfonso XII, el cual causó asombro  entre los pasajeros cuyo comentario mayoritario fue que se trataba de un verdadero palacio flotante por su suntuosa decoración  y grandes comodidades.



Entre las reformas efectuadas por la compañía se dotó al trasatlántico de una estación de telegrafía sin hilos, sistema Marconi, instalación efectuada por el ingeniero M.H. Kosber, convirtiéndose así en el primer buque de la marina mercante española en disponer de este sistema de comunicación. El Alfonso XII partió de Cádiz el 3 de mayo a las cuatro de la tarde, formando convoy con el Patricio de Satrústegui, de la misma compañía, en el que viajaba el resto de la representación española y que también iba provisto de una estación de radiotelegrafía Marconi.





El capitán del Alfonso XII en este viaje fue Manuel Deschamps y Martínez, distinguido con la Cruz al Mérito Naval con distintivo Rojo por su actuación destacada y valerosa en la Guerra Hispano Norteamericana, burlando el bloqueo efectuado por la armada estadounidense al mando del Vapor Montserrat en el que transportaba, pasaje, correspondencia, soldados, jefes y oficiales. Deschamps fue autorizado a comunicar, durante la travesía, con la estación radiotelegráfica de Gibraltar.

El periodista M. de Valdeiglesias, que viajaba en el Alfonso XII, escribió el día 5 de mayo de 1910 un artículo[muy interesante sobre las primeras experiencias de telegrafía sin hilos efectuadas desde dicho buque y que nos permite conocer cómo se desarrollaron:

"[...] Durante la noche hemos dejado atrás al Satrústegui. En el mar no se ve ningún barco; en cambio tenemos la dicha de ver tierra. Es un pedazo de costa española: pasamos ante la Gran Canaria. La Infanta Isabel desde el puente, contempla la costa con el auxilio de sus anteojos prismáticos. El Alfonso XII ha pasado por entre Fuerteventura y Gran Canaria. [...]".


"[...] Como en los días anteriores, nuestra preocupación principal ha sido preguntar a los telegrafistas si se han recibido noticias de España. La respuesta es siempre negativa. Reciben sin cesar mensajes de Londres y de todos los buques que navegan a 200 y más millas de distancia; pero de España, nada. Únicamente al segundo día de navegación se recibió un radiograma del marqués do Comillas, saludando a la Infanta y preguntando si era feliz la travesía... Su Alteza nos mostró el papelito azul, que era un alegre recuerdo de la tierra ya lejana.

Muchas veces habíamos leído las maravillas que se cuentan de la telegrafía sin hilos. Sabíamos cómo a largas distancias se comunican unos buques con otros por medio de las misteriosas ondas hertzianas, si van provistos de aparatos receptores y transmisores. Pero la realidad es superior a las encomiásticas referencias, y no deja de producir gran impresión el hecho de que, mientras desde la toldilla del buque sólo se ve la inmensidad del mar y del cielo, por el aparato receptor, colocado en una de las antenas del buque, puedan recogerse signos y palabras que llegan a través del espacio y que un empleado traduce, como cualquier telegrafista los puntos y rayas del Dúplex, o las letras del Morse.

Uno de los radiogramas que hemos recibido decía:

«Capitán del trasatlántico italiano Córdoba al capitán del Alfonso XII.Haga el favor de decirme su rumbo, velocidad a que navega y día y hora, aproximadamente, en que se propone llegar a Cabo Verde. Yo llevo la misma dirección, y deseo encontrarle.Montebello.»

Inmediatamente se ha escuchado en el cuarto de la telegrafía sin hilos un ruido desagradable, estridente, como de chin-chin, que crispa los nervios. Al mismo tiempo han rasgado el espacio vivos fulgores, parecidos a relámpagos... Es que el telegrafista transmite la contestación:

El capitán del Alfonso XII al capitán del Córdoba.Rumbo entre Fuerteventura y Gran Canaria. Navegaré 14 millas hasta seis mañana, en que será a 16. Pienso estar en San Vicente al medio día del 7. Deschamps.» […].

Entre el Córdoba y el Alfonso XII se siguieron intercambiando radiogramas y posteriormente otro trasatlántico, el Principe Udini  que llevaba la misma dirección, se puso en contacto con el vapor español, al que envió un mensaje de salutación.

Valdeiglesias menciona en su artículo que "[...] llegaban también a bordo noticias de la estación radiotelegráfica de Clifton, en Irlanda, comunicándonos pormenores de la lucha entre Lores y Comunes; noticias del viaje de Roosevelt, de los disturbios de Albania, de los escándalos producidos en la Bolsa de Nueva York por la baja del caucho [...]".



Desde el Alfonso XII se habían emitido numerosos radiogramas con destino al gobierno español, a los periódicos cuyos representantes viajaban en el vapor, etc. sin que de los mismos se recibiese respuesta, quizás porque no llegaron a su destino, o también porque los barcos que los pudieron escuchar no los retransmitieron. El único mensaje emitido desde tierra que se había recibido hasta entonces en el Alfonso XII tras su salida de Cádiz fue el enviado el segundo día de navegación por el Marqués de Comillas saludando a la Infanta y preguntando si era feliz la travesía.

La opinión sobre la telegrafía sin hilos manifestada el 5 de mayo de 1910 por el periodista que viajaba a bordo del vapor de la Compañía Trasatlántica, protagonista de los primeros ensayos del sistema inalámbrico de comunicación  en un buque mercante español fue la siguiente:

[...] Las comunicaciones por mar entre buques provistos, naturalmente, de los necesarios aparatos, manejados estos precisamente por empleados de las Sociedades Marconi reunidas, llegan, en su mayor parte hasta una distancia de 250 millas. En las transmisiones a mayor distancia puede ocurrir lo que nos ha ocurrido a los viajeros del Alfonso XII. Sobre todo, si algún buque no quiere transmitir lo que recibe, que también se dan casos. Pero esto no quiere decir nada en contra del maravilloso invento.

Resuelto en principio el problema de que los buques que navegan de Europa a América, y viceversa, tengan comunicación diaria con ambos continentes, es ya cuestión de muy poco tiempo

la completa resolución. Lo que tarde en hacerse obligatoria a todos los trasatlánticos la instalación do los aparatos adecuados; lo que se tarde en obligar a los barcos a que transmitan los mensajes que reciban; lo que se tarde en reunir un congreso internacional para discutir el asunto, de cuya importancia no hay para que hablar."

Ese mismo día 5, el Ministro de Estado, Manuel García Prieto, había enviado un radiograma a través de la estación radiotelegráfica de Gibraltar dirigido al Alfonso XII para la Infanta Isabel en el que le comunicaba que el Rey, la familia real y las familiar de los miembros de la misión española que viajaba a Argentina se encontraban bien. Dicho mensaje no llegó a ser recibido en el vapor español, siendo emitido de nuevo al día siguiente a la estación de Cabo Verde para que lo reexpidiera desde allí.



El Alfonso XII efectuó una escala técnica en Cabo Verde para carbonear, tras lo cual reanudó la navegación a una velocidad de 18 millas por hora, con el fin de arribar a Buenos Aires en la mañana del 18 de mayo, llegada que se cumplió puntualmente. La Infanta Isabel fue recibida con gran solemnidad por el presidente de la República Argentina, recorriendo en carruaje descubierto el camino hasta la Casa Rosada. Durante las dos semanas que duró la estancia en Argentina, el programa de actividades fue agotador, con muestras constantes de emotivos sentimientos de simpatía hacía España.





El 2 de junio de 1910 el Alfonso XII emprendió el viaje de regreso a España. Cuando por fin efectuaba su salida soltando cabos, una gran multitud se agolpaba en el puerto bonaerense para despedir a la Infanta y a la numerosa comitiva que le acompañaba. El viaje fue todo un éxito político para España, cuya monarquía salió reforzada en su prestigio y amistad con la nación argentina.

El vapor Alfonso XII puso entonces rumbo a las Islas Canarias y con gran sorpresa para la población tinerfeña, el 15 de junio de 1910 aparecía en la prensa de la capital, un edicto del alcalde en el que anunciaba la visita real, que viaja a bordo del vapor de la Compañía Trasatlántica. Tres días después, el 18 de junio a las siete de la mañana, el Alfonso XII fondeó en el antepuerto de Santa Cruz. La Infanta Isabel de Borbón y su séquito fueron recibidos por las autoridades, con una protocolaria ceremonia tras la cual dio comienzo la visita.

En 1918 un total de 188 vapores de la marina mercante española estaban dotados con radiotelegrafía.

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